
M+.- ¿Quién vigila a quién? En la frontera entre México y Estados Unidos esa pregunta tiene una respuesta sencilla: todos tienen el ojo digital de un dron encima.
En la línea divisoria entre los dos países se libra, todos los días, una singular guerra de halconeo aéreo.
Del lado estadunidense, hay una flota que se estima en unos 500 drones fabricados bajo estándares militares, casi la mitad de ellos al final de su vida útil o cerca de alcanzarlo.
Por la parte del crimen organizado mexicano, drones comerciales, baratos y tan numerosos que nadie los ha contado, chinos, en su mayoría, pues cuando uno se descompone, se compra otro.
Se trata de dos modelos en competencia:
La Patrulla Fronteriza de Estados Unidos opera una flotilla de drones de última generación fabricados bajo estándares militares, que compra mediante licitaciones y tarda meses en reparar.
Mientras los cárteles utilizan equipos chinos de venta comercial que pueden reemplazar en cuestión de días.
Washington paga por sofisticación; el narco, por volumen
Una investigación de MILENIO en documentos del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de Estados Unidos, fuentes de inteligencia abierta, decomisos y reportes de la Secretaría de la Defensa Nacional muestra la intensidad que ha adquirido la competencia aérea entre la Patrulla Fronteriza y los cárteles.
En este sentido, cada bando vigila al otro, pero con economías opuestas: uno depende de la industria de defensa y de lentos procesos de certificación, mientras que el otro se abastece en el mostrador de cualquier tienda y en un mercado de refacciones en línea.
Las cifras dan cuenta de la escala que ha alcanzado el uso de drones en la frontera norte. Durante el año fiscal 2025, el DHS estimó 34 mil 682 vuelos de drones cerca de la línea fronteriza del lado mexicano, atribuibles en buena medida al narcotráfico y a las redes de tráfico de personas, mientras que del lado estadounidense la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) realizó 23 mil 952 vuelos en el mismo periodo con su propia flota.
En conjunto, narcos y agentes fronterizos suman unos 58 mil vuelos, lo que equivale a un promedio de 160 al día o casi siete por hora.
El trabajo de los drones, distintos proveedores
Es un conteo, un enjambre, que ni siquiera incluye a otras instituciones que también operan en la zona, como el Ejército Mexicano, la CIA o los distintos componentes del Departamento de Defensa.
Para todo fin práctico, el propósito de los drones criminales es más sencillo de lo que sugiere su número.
El 5 de septiembre, el secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla, explicó que los cárteles los utilizan para identificar tramos de la frontera sin presencia de CBP o fuerzas mexicanas para moverse sin ser detectados.
“Los que se han detectado son drones comerciales, únicamente capturan imágenes y es lo que transmiten, qué es lo que buscan, ver esas rutas que estén libres, en donde no esté la presencia de la autoridad”, dijo Ricardo Trevilla.
“Se trata de una tarea para la que no se requiere gran tecnología: sólo un dron con cámara. Y el mercado para ese tipo de equipos es enorme”, agregó.
Particularmente para una empresa china, que se ha convertido en la favorita del crimen organizado.
En mayo de 2025, en Escuinapa, Sinaloa, una fotografía muestra a dos soldados de espaldas junto a un DJI Agras, un dron diseñado para fumigar cultivos y con un costo cercano a 20 mil dólares. Había sido asegurado a un grupo criminal. Abril de 2021.
Una imagen de Cuartoscuro captó en Aguililla, Michoacán, un vehículo blindado de las Fuerzas Especiales Mencho, del Cártel Jalisco Nueva Generación, mientras sobre él volaba un DJI Mavic con cámara. Costo: 4 mil 300 dólares. Febrero 19. San Ysidro, California.
CBP halla un DJI Phantom de apenas 400 dólares estrellado contra el muro fronterizo con paquetes de metanfetamina. Paraje boscoso de Michoacán. Sin fecha.
La imagen muestra un DJI Matrice 300 RTK, de 12 mil dólares, con dos granadas atadas al tren de aterrizaje.
Las cuatro imágenes comparten un elemento central: la marca DJI, empresa con sede en Shenzhen, en la provincia china de Guangdong, la mayor fabricante de drones del mundo y cuyo nombre en chino -Dà jiāng chuàngxīn- alude, paradójicamente, a una “gran frontera de innovación”.
Desde su llegada a México en 2017, DJI controla, según sus propias cifras, cerca de 85 por ciento del mercado de uso civil, cuenta con más de 150 tiendas y 70 centros de servicio, por lo que ha capacitado a casi 3 mil operadores.
La empresa considera a México su principal mercado en América Latina, y en el sector agrícola las ventas de sus drones de fumigación se multiplicaron 56 veces desde 2019, al grado de que en noviembre de 2024 reportaba unos 2 mil 200 pilotos operando sus equipos sobre más de 1.8 millones de hectáreas de cultivo.
Nada de esto significa que DJI venda a los cárteles, por supuesto. La empresa vende en un mercado abierto, y una parte no cuantificada de ese inventario termina en manos criminales, en particular del Cártel Jalisco Nueva Generación y del de Sinaloa, mediante un mecanismo similar al que lleva las armas de fabricación legal hasta el narco sin que ningún fabricante les venda directamente.
Lo que sí muestran los comunicados y las imágenes oficiales del Gabinete de Seguridad es un patrón constante de decomisos de drones de esta marca en distintos estados del país.
A ese mercado se suma el de las refacciones, disponible en tiendas en línea y en redes sociales, donde casi cualquier pieza de un DJI puede conseguirse con un clic y llegar en pocos días.
Esa facilidad dio origen a un mercado de drones hechizos, del que una revisión fotográfica de MILENIO encontró numerosos ejemplos, como un aparato asegurado en Morelos el 30 de agosto de 2025: un armazón negro con mecanismo de carga, goggles y transmisor, sin carcasa de marca reconocida, lo que indica que se trata de un dron de visión en primera persona (FPV) armado con componentes sueltos.
En operativos realizados en Sinaloa, Chihuahua y Guerrero, entre otros estados, se han hallado equipos de características similares. Pero del lado estadunidense hay un acercamiento completamente opuesto a la guerra de drones.
Es el acercamiento de un Estado, con sus ventajas y desventajas. Tamaño y calidad… pero burocracia.
Actualmente, la Patrulla Fronteriza opera una potente flota que se estima en unas 500 unidades y que, para renovarse, depende de un reducido grupo de proveedores, entre ellos Teal, fabricante del Golden Eagle, y Skydio.
Son empresas que tienen la mejor tecnología sobre el planeta, pero que deben figurar en la lista de equipos aprobados por el Pentágono bajo criterios de seguridad nacional para poder venderle al gobierno estadunidense.
Sus drones tienen ventajas que los DJI comerciales no ofrecen, como potencia, visores nocturnos e infrarrojos y diseños específicos para labores de seguridad pública, pero un informe de la Oficina del Inspector General del DHS, obtenido por MILENIO, describe una flota envejecida.
Al cierre del año fiscal 2025, 20 por ciento de los drones pequeños de la Patrulla Fronteriza había llegado al final de su vida útil y otro 29 por ciento estaba cerca de alcanzarlo, de modo que casi la mitad del inventario requería reemplazo.
Todo, en un contexto de restricciones presupuestales y hasta entregas retrasadas. El informe también documenta fallas técnicas.
“Los pilotos perdieron el control de los pequeños drones, lo que provocó accidentes y daños en sus estructuras”, señala el documento.
Los agentes reportaron además deficiencias en la calidad de imagen, una capacidad infrarroja limitada, dificultades para ubicar con precisión los objetivos y baterías sin autonomía suficiente para completar algunas misiones sin recambio.
A esos problemas se sumó la falta de soporte de los fabricantes, pues algunos modelos fueron descontinuados y se quedaron sin servicio ni piezas de repuesto, lo que obligó a CBP a recurrir a su propio inventario para mantenerlos en operación.
Hubo fallas asociadas a baterías degradadas en cuatro tipos de drones y una pieza defectuosa que obligó a retirar 54 aparatos para su reparación.
drones
La capacidad de mantenimiento tampoco estaba a la altura: en 2024, la Patrulla Fronteriza terminó su acuerdo con el centro logístico de la Administración Federal de Aviación porque no cubría sus necesidades y comenzó a desarrollar un equipo propio que, durante la auditoría, todavía estaba en proceso de contratación de personal.
El resultado: para septiembre de 2025 había 58 drones en espera de reparación, de los cuales 22 acumulaban más de 60 días fuera de servicio y cinco superaban los seis meses.
El sistema de compras explica buena parte de ese rezago, porque el gobierno adquiere por licitación y en grandes lotes, lo que alarga los plazos de entrega.
En diciembre de 2021, CBP anunció un acuerdo con cinco proveedores por un valor estimado de 90 millones de dólares a lo largo de cinco años, y bajo ese esquema, en octubre de 2022 contrató drones Golden Eagle por alrededor de 1.05 millones de dólares, con accesorios y capacitación.
En septiembre de 2023 otros 106 drones Teal 2 por 1.8 millones, incluidas refacciones y entrenamiento.
Los proveedores enfrentan sus propias presiones
Red Cat, empresa matriz de Teal, reportó pérdidas netas de 35.3 millones de dólares en el segundo trimestre de 2026 pese al crecimiento de sus ventas, y Skydio reconoció en octubre de 2024 que las sanciones impuestas por China afectarían el suministro de sus baterías, fabricadas en ese país.
Por supuesto, no existe inspector interno del cártel A o B, para analizar las deficiencias de sus propias flotas, pero no tienen el problema que enfrenta CBP: pueden reponer un equipo con una compra en Amazon o en un distribuidor local, sin licitación, sin lista de proveedores aprobados, sin auditorías.
Ante este escenario, Gerardo Rodríguez, especialista en seguridad nacional, explica que la única manera sostenible de reducir esta ventaja asimétrica que han adquirido los cárteles es sumar capacidades, así como recursos de México y Estados Unidos.
“México y Estados Unidos ya dieron un paso importante con el acuerdo para adquirir drones estadunidenses. Esa cooperación puede ampliarse ahora al ámbito antidrones”, sostuvo.
“Si funciona, puede convertirse en una nueva fuente de confianza bilateral en seguridad y abrir la puerta a una cooperación más profunda en otras áreas”, agregó Rodríguez.
Nuevos sistemas de drones
—¿Qué tiene en común un misil Patriot de siete millones de dólares y un dron iraní Shahed de entre 20 y 40 mil con lo que ocurre en la frontera con los drones del narco y las nuevas armas desarrolladas para derribarlos?—
En realidad, bastante. Una noticia que sustenta ese concepto fue dada a conocer por el Comando Norte del Pentágono el 27 de agosto de 2026.
La Fuerza de Tarea Conjunta Frontera Sur había neutralizado tres drones mediante un láser de alta energía conocido como AMP-HEL, desarrollado por la empresa AeroVironment, un sistema que concentra un haz de energía sobre el dron hasta dañar su estructura o freír sus componentes electrónicos.
El AMP-HEL no es un arma en el sentido tradicional, sino una pequeña planta de energía con puntería montada sobre un vehículo militar.
Es, en esencia, un láser móvil que necesita de soldados para protección perimetral, especialistas, sensores, software de rastreo y generadores y equipo de enfriamiento.
Supuestamente cada disparo cuesta menos de cinco dólares, pero además del personal que se requiere para operarla, la máquina es otra historia.
El 2 de septiembre, el Ejército otorgó a AeroVironment un contrato de 464.8 millones de dólares para entregar en los próximos años decenas de unidades del LOCUST X3, sucesor del sistema usado en la frontera, con soporte y capacitación incluidos.
Por su parte, Eduardo Zeron García, especialista en Seguridad Nacional, advierte que este es un ejemplo de cómo los cárteles han sido capaces de adaptarse a nuevas tecnologías que han creado conflictos asimétricos, obligando al Estado a buscar la forma de mitigar estas nuevas amenazas como los sistemas de láseres. Pero, acotó, uno de los problemas resultantes es el costo.
“Parecería equivaler a matar a un ratón con un arma para matar elefantes. Mientras el precio de un dron de los cárteles puede oscilar en miles de dólares, los sistemas que utilizan las naciones cuestan decenas varios decenas de millones de dólares, entonces las empresas y los Estados están tendiendo a incrementar de manera sustancial los presupuestos, pero también presionando a las empresas para que bajen los precios de los mismos”, dijo.
Aquí es donde Washington enfrenta un escenario similar al de su campaña militar contra Irán, en la que ha tenido que derribar cientos de drones Shahed con sus misiles Patriot a costo de la bancarrota.
Dólar por dólar, los iraníes pueden perder más drones hasta elevarle el costo de manera prohibitiva a Washington.
En la frontera con México, esa asimetría adopta otra forma:
Los modelos DJI señalados en uso criminal cuestan entre 600 y dos mil dólares
Un Mavic 3, de unos dos mil, equivale aproximadamente a una doceava parte de un Skydio X10 de 25 mil dólares, pues sólo requieren de un operador.
Frente al costo del AMP-HEL, la diferencia costo-beneficio de un dron chino fácilmente reemplazable es mucho más amplia. Nuevamente, millones de dólares por un lado, algunos miles, del otro.
El reporte del inspector general del DHS lo resume sin rodeos, pues las organizaciones criminales transnacionales utilizan “pequeños drones de fabricación china, disponibles comercialmente, menos costosos y tecnológicamente avanzados, para contrarrestar las operaciones policiales”, de acuerdo a la traducción del documento.
La clave viene en este párrafo: “disponibles comercialmente” y “menos costosos”. Irónicamente, en esa ecuación, en la jaula de oro, Washington puede ganar cada enfrentamiento y aun así tener una competencia cuesta arriba.
Todo se reduce a números, como lo son:
Láseres casi sacados de ciencia ficción contra drones lo suficientemente buenos y baratos.
Proveedores de lujo del sistema bélico-industrial estadunidense contra marcas hechas en masa para un mercado civil.
En resumen, un nuevo dron para el narco al alcance de un click. Y equipos que tardan años en desarrollarse para las autoridades.
ENLACE: Drones: sistema de vigilancia entre EU y carteles- Grupo Milenio
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